¡Ay mi madre!
Sábado (09/08/2008). Neli, una joven filipina que atiende la barra del restaurante en el que comimos mientras presenciábamos la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos no paraba de repetir: "¡Ay mi madre!, "Ay mi madre". Una expresión muy asturiana que chocaba cuando la pronunciaba la joven filipina; no lo era tanto, para expresar su admiración, y creo que la de todos, por la exhibición de los organizadores. Que gracia el titular de El Mundo: "La dictadura china aprovecha el escaparate de los Juegos". Mucho más divertido el comentario de Manuel Ollé, en la Cuarta de El País del viernes: "Cuentan que a finales de los años setenta, Jimmy Carter le pidió a Den Xiaoping que permitiese a los chinos salir del país para que pudiesen probar el sabor de la libertad. Con su habitual retranca, el Pequeño Timonel le preguntó que cuántos millones quería que le enviase". De la prensa local asturiana, me ha sorprendido la noticia que el Ayuntamiento de Gozón ha aprobado que los hijos de los residentes que lleven más de 40 años en el concejo puedan edificar en suelos rurales no urbanizables. La medida trata de retener a los jóvenes en las parroquias rurales y les pone como condición que no se edifique a más de un kilómetro de distancia de la residencia de los progenitores. Que horror. Con lo que tardan los hijos en salir de casa y cuando lo pretenden, la gobernanza les da facilidades para que se queden cerca. ¡Ay mi madre!
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